Me quedé con el celular pegado a la oreja, sintiendo que el piso de aquel departamento barato se abría debajo de mis pies.
—¿Qué dijiste? —susurré. Del otro lado, Julián respiraba como si estuviera corriendo. —Diego es..
Me quedé con el celular pegado a la oreja, viendo a mi papá sonreír en el escenario.
Por un segundo pensé que el licenciado Barragán se había vuelto loco. Tomás estaba..
Regresé a Guadalajara con el estómago revuelto y una carpeta apretada contra el pecho
. No volví como esposa. Volví como médica, como madre y como una mujer a..
Julián entró con la pañalera colgada al hombro como si llevara una bolsa cualquiera.
Pero no era cualquiera. Era rosa pálido, con un llavero de changuito igual al..
La libreta negra pesaba más que una piedra.
Itzel no alcanzó a leer todos los nombres, pero leyó el suficiente para que..
Mateo no estaba pálido por el banco.
Estaba pálido por la mujer. Yo bajé despacio las escaleras de la casa grande,..
Elena cerró la puerta con el cuerpo.
Marisol sintió que el corazón le golpeaba como tambor de danza en la Romería...
Marisol no respondió de inmediato. Miró el espejo como quien mira una tumba abierta y entendió que, por primera vez en ocho años, el miedo no venía a matarla: venía a empujarla.
La niña del vestido blanco pegó la palma al cristal. —No entres sola —dijo—...
La jeringa brilló bajo la luz amarilla como una amenaza pequeña y perfecta.
Camila apretó contra su pecho el sobre con su nombre. Sintió el olor a..
La jeringa brilló bajo la luz amarilla del pasillo.
Mateo no parecía furioso. Eso fue lo peor. Tenía la misma sonrisa suave con..
